Somos un bar familiar con historia, abierto desde 1963 y ya en su tercera generación. Todo empezó con Ángel Fernández, el primero de la saga, a quien todos conocían como Abaroa. Desde entonces, este bar ha sido mucho más que un lugar para tomar algo: ha sido punto de encuentro, despedidas y regresos.
Hasta finales de los años 90, muchos gallegos partían desde aquí camino a sus casas. Nuestro bar fue parada de autobuses entre Euskadi y Galicia, y también punto de venta de productos gallegos, formando parte de la vida cotidiana del barrio y de muchas historias personales.
Hoy seguimos siendo lo mismo que siempre hemos sido: un bar de barrio, con todo lo que eso conlleva —trato cercano, ambiente familiar y tradición—, donde se disfrutan cafés, vinos y pintxos de toda la vida.